En los últimos días, la construcción industrializada ha acaparado toda la atención en la radio, la televisión y los medios digitales. Esto se debe a que el Gobierno de España ha anunciado una inversión de más de 1.300 millones de euros para los próximos diez años. Esta medida se enmarca en el reciente PERTE (Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica), centrado en la industrialización del sector residencial, cuyo objetivo principal es impulsar la modernización y renovación de la industria de la construcción. Vamos a ver en que consiste.
¿Qué es la construcción industrializada?
Es un proceso en el que los componentes de una edificación se fabrican y ensamblan en una fábrica mediante procesos estandarizados, apoyados en tecnologías como la digitalización y la automatización, para luego ser transportados y ensamblados en el lugar de la obra.
A diferencia de la construcción tradicional, donde la mayoría de las tareas se realizan in situ y están sujetas a las condiciones del entorno, este método busca optimizar la producción en un entorno controlado.
La industrialización no es un concepto absoluto, sino que abarca diferentes grados y categorías, desde la prefabricación de elementos específicos (como paneles o ventanas) hasta sistemas complejos que integran módulos completos de edificaciones. Esta flexibilidad permite adaptar la metodología a una amplia variedad de proyectos, desde viviendas unifamiliares hasta edificios de gran altura.
Orígenes e historia
Su origen se remonta a la industrialización misma, con ejemplos emblemáticos como el Crystal Palace, construido para la Exposición Universal de Londres en 1851. Este edificio, montado y desmontado en tiempo récord, demostró las ventajas de la prefabricación y la estandarización.
A lo largo de los años, la construcción industrializada ha resurgido en momentos de necesidad. Tras la Segunda Guerra Mundial, la devastación en Europa y la Unión Soviética impulsó una primera ola significativa de industrialización edilicia, marcando un hito en la historia de esta práctica.
La Unión Soviética
La Unión Soviética, tras sufrir enormes pérdidas humanas y materiales en la Segunda Guerra Mundial, enfrentó la necesidad de reconstruir ciudades enteras con recursos limitados. La construcción industrializada se convirtió en la solución. Bajo el régimen de Nikita Khrushchev, se implementó un ambicioso plan para garantizar una vivienda por familia, utilizando sistemas de paneles de hormigón prefabricados, como el sistema Camus, perfeccionado localmente.
El enfoque soviético, basado en un sistema autoritario, garantizaba la demanda de componentes, permitiendo la creación de fábricas especializadas que producían paneles y baños industrializados a gran escala. Este modelo logró resultados impresionantes, resolviendo parcialmente el déficit habitacional. Sin embargo, la uniformidad de las construcciones generó críticas por su carácter “alienante”, con bloques idénticos que dificultaban la orientación de los residentes, como en el caso de Poznan, Polonia.
La respuesta estadounidense: Operación Breakthrough
En el contexto de la Guerra Fría, Estados Unidos observó el éxito soviético con preocupación. La CIA reportó avances significativos en la Unión Soviética, lo que llevó al lanzamiento de la Operación Breakthrough en los años 60. Este programa buscaba industrializar la construcción para abordar el déficit de vivienda en una sociedad democrática. Grandes empresas, como US Steel, desarrollaron 22 sistemas constructivos cerrados, logrando construir 18,000 viviendas.
Sin embargo, el proyecto fracasó. La clave del problema radicó en la falta de una demanda estable. A diferencia del modelo soviético, donde el Estado garantizaba contratos masivos, el mercado libre estadounidense enfrentó fricciones entre la estandarización industrial y la diversidad de proyectos arquitectónicos. Como explicó Antony Villard, responsable del proyecto, ningún empresario invertiría en una fábrica sin un contrato garantizado, por ejemplo, de 5,000 viviendas.
Reino Unido y el desastre de Ronan Point
En Reino Unido, la posguerra también provoco su impulsó. Sin embargo, los resultados fueron mixtos. Las primeras promociones de viviendas asequibles no siempre cumplieron con los estándares de calidad esperados, y problemas sociológicos, como la creación de guetos, empañaron los avances tecnológicos. Un caso emblemático fue el colapso parcial de Ronan Point en 1968, causado por un montaje deficiente de paneles prefabricados. Este incidente, provocado por una explosión menor en una cocina, reveló fallos en el control de calidad y dañó la reputación de la CI.
A pesar de estos reveses, los sistemas constructivos no eran inherentemente defectuosos. Los problemas surgieron más por cuestiones de implementación, urbanismo y distribución social que por limitaciones tecnológicas.
Francia
En Francia, también desempeñó un papel importante en la posguerra, pero enfrentó desafíos similares a los de Reino Unido. Barrios como La Grande Borne, construido en 1969, buscaban romper con la monotonía soviética mediante diseños más variados. Sin embargo, la falta de planificación urbanística adecuada llevó a la creación de áreas marginales con problemas de inseguridad, como se observa en este barrio, considerado uno de los más peligrosos de Francia.
El Mayo de 1968 reflejó un cambio cultural. La generación joven rechazó las viviendas sociales, calificándolas de “cajas de cerillas” o “cajas de zapatos”. Este descontento evidenció una brecha entre las soluciones técnicas y las expectativas sociales, un desafío que persiste en la implementación de esta forma de construcción.
Características clave
- Estandarización de procesos: La estandarización es esencial para garantizar la repetitividad y la eficiencia. Los sistemas constructivos se diseñan para replicarse sin necesidad de adaptaciones específicas para cada proyecto, lo que reduce costes y tiempos de ejecución.
- Automatización y digitalización: Tecnologías como el Building Information Modeling (BIM), los gemelos digitales y las plataformas de gestión integral optimizan el diseño, la producción y la logística. La automatización, por su parte, optimiza la precisión y disminuye los fallos humanos durante la fabricación.
- Producción en fábrica: Al realizar los procesos en un entorno totalmente controlado, se eliminan variables externas como las condiciones climáticas, lo que optimiza la supervisión de calidad. Además, se reducen los riesgos laborales al trabajar en entornos más seguros y con menos tareas en altura.
- Flexibilidad y popularización: Los sistemas industrializados suelen basarse en módulos o componentes prefabricados se ajustan a las especificaciones de cada proyecto. Aunque la estandarización es clave, la modularización ofrece un grado de personalización sin afectar a la eficiencia.
. Sostenibilidad: La construcción industrializada prioriza la reducción de emisiones de CO2, el consumo de agua y la generación de residuos, utilizando materiales sostenibles y técnicas avanzadas como la impresión 3D.
¿Cuáles son sus beneficios?
Este método ofrece una serie de ventajas que la convierten en una alternativa atractiva tanto para promotores como para usuarios finales. Estas se pueden clasificar en beneficios inherentes al sistema y respuestas a las necesidades del sector.
Beneficios inherentes
- Reducción de plazos: La construcción industrializada puede reducir los tiempos de ejecución hasta en un 40 – 50% en comparación con los métodos tradicionales. Esto se logra gracias a la simultaneidad de los procesos (fabricación en fábrica mientras se prepara el sitio de obra) y a la menor dependencia de factores externos.
- Mayor control de calidad: La producción en fábrica permite establecer procedimientos estandarizados de control de calidad, analizando y perfeccionando los componentes de manera iterativa. Los trabajadores, al repetir tareas específicas, adquieren mayor experiencia, lo que resulta en productos más fiables y consistentes.
- Sostenibilidad: Los sistemas industrializados pueden disminuir de forma notable las emisiones de dióxido de carbono CO2, el consumo de agua y el uso de energía en comparación con la construcción tradicional. Esto se logra mediante la optimización de materiales, el uso de técnicas avanzadas y la incorporación de materiales sostenibles, como madera contralaminada o hormigones de bajo impacto.
- Certidumbre financiera: A diferencia de la edificación convencional, donde los costes y plazos pueden variar debido a imprevistos, la construcción industrializada tiene una mayor previsibilidad. Los promotores pueden acordar precios y plazos fijos, ya que los procesos están más y mejor controlados y los materiales se gestionan de manera más eficiente.
- Mejora de la seguridad laboral: Al realizarse gran parte del trabajo en fábrica, se reducen los riesgos asociados a los trabajos en altura y a las condiciones variables de la obra. Los entornos controlados permiten implementar medidas de prevención más efectivas, disminuyendo los accidentes laborales. Recordemos que en nuestro país, la construcción sigue siendo el sector más peligroso, a pesar de mejoras significativas en seguridad en las últimas décadas. Además, el envejecimiento de la fuerza laboral, con un 50% de los trabajadores superando los 45 años, plantea un desafío adicional.
Beneficios por necesidad
- Escasez de mano de obra cualificada: La construcción enfrenta una crisis de mano de obra, no solo en España, sino en países desarrollados como Estados Unidos, Canadá y Reino Unido. En España, el sector ha perdido capacidad industrial y trabajadores tras 14 años de mínimos en visados de obra nueva. La gráfica de visados, que alcanzó su pico en 2006, muestra una caída drástica, con solo 130,000 visados en 2025, lejos de los 300,000 necesarios para equilibrar oferta y demanda.
- Cambio de paradigma sectorial: Las empresas constructoras reconocen que la industrialización es el futuro del sector. Aquellas que no adopten estas técnicas ahora enfrentarán mayores dificultades para competir en el futuro, ya que los ecosistemas industriales priorizan a los socios establecidos, dejando a los nuevos entrantes en desventaja.
Componentes específicos
La construcción industrializada abarca una gama de componentes, desde sistemas de confort y salubridad hasta carpinterías y conexiones eléctricas. A continuación, exploramos algunos ejemplos clave:
Sistemas de confort y salubridad
Las instalaciones de climatización, ventilación y salubridad se benefician significativamente de la industrialización. En la construcción tradicional, estas instalaciones se realizan en la obra en etapas avanzadas, lo que genera interferencias entre profesionales, gremios y dificulta la coordinación. En cambio, en la construcción industrializada, los sistemas se diseñan e instalan en fábrica, utilizando módulos «plug and play» que minimizan el trabajo en obra.
- Estandarización y modularidad: Los sistemas de confort, como el suelo radiante o la ventilación, se producen como módulos preconfigurados que se interconectan fácilmente, reduciendo los tiempos de instalación y mejorando la calidad.
- Digitalización: Herramientas como BIM y gemelos digitales permiten simular el rendimiento de las instalaciones, optimizando su diseño y mantenimiento.
- Sostenibilidad: Los sistemas industrializados consumen menos energía y generan menos residuos, alineándose con estándares de eficiencia energética.
Un aspecto importante es decidir si los sistemas serán centralizados (en un habitáculo común) o individuales (por estancia). Es probable que una combinación de ambos enfoques sea la solución más práctica. Además, la estandarización de conexiones entre fabricantes es esencial para garantizar la interoperabilidad, similar a la unificación de cargadores en la industria móvil.
Carpinterías de PVC
Las ventanas de PVC son un ejemplo de componente que se beneficia de la industrialización, especialmente en la instalación «offsite», donde se integran en paneles prefabricados en fábrica.
- Instalación offsite: En lugar de instalar las ventanas directamente en la obra, se colocan en los paneles durante la producción, garantizando mayor precisión y reduciendo los tiempos de obra. Este enfoque ha demostrado ser exitoso en proyectos de gran escala, donde las ventanas se instalan con cintas precomprimidas y se fijan a paneles estructurales.
- Optimización de procesos: La definición previa del detalle constructivo, la elección de materiales de sellado y la logística de acopio son fundamentales para maximizar la eficiencia. Por ejemplo, decidir si las ventanas se entregan con o sin vidrio afecta los medios auxiliares necesarios y los tiempos de instalación.
- Calidad: Las ventanas de PVC cumplen con estándares ambientales, como declaraciones de producto que certifican su impacto desde la extracción de materias primas hasta su reciclaje. Además, su formulación autoextinguible y la incorporación de refuerzos de acero mejoran su resistencia al fuego.
La industrialización elimina la necesidad de medir huecos sobre el terreno, un proceso que retrasa la producción en la construcción tradicional. Al trabajar con dimensiones predefinidas, se agiliza todo el proceso, desde la fabricación hasta la entrega.
Instalaciones eléctricas enchufables
Los sistemas de conexión eléctrica enchufables simplifican la electrificación de edificaciones industrializadas, sustituyendo las cajas de conexiones tradicionales por conectores «plug and play».
- Seguridad y velocidad: Los conectores prefabricados reducen los tiempos de instalación hasta en un 70% y eliminan errores de conexión gracias a su codificación mecánica y por colores. Su diseño asegura que no haya partes activas accesibles, minimizando riesgos eléctricos.
- Sostenibilidad: Los componentes son 100% reciclables y reutilizables, lo que extiende el ciclo de vida de las instalaciones y reduce la huella de carbono.
- Aplicaciones versátiles: Estos sistemas se adaptan a construcciones de hormigón, madera, acero o paneles de pladur, integrándose en falsos techos, paredes o estructuras metálicas. Se han utilizado en proyectos como hangares modulares y estructuras artísticas al aire libre.
No se requieren tubos específicos para los cables, ya que las canalizaciones pueden aprovechar los huecos de la construcción, siempre que sean registrables para futuras modificaciones.
Desafíos que se enfrenta esta nueva forma de construir
A pesar de sus ventajas, la construcción industrializada enfrenta varios obstáculos que frenan su adopción más masiva:
- Diferencias de expectativas: Los promotores buscan sistemas certificados, capacidad productiva y precios competitivos, pero a menudo carecen de certidumbre sobre los plazos de ejecución. Por otro lado, los fabricantes necesitan financiación para desarrollar sistemas, una demanda estable y procesos estandarizados, lo que genera fricciones.
- Falta de estandarización y normalización: La ausencia de normativas claras dificulta la financiación de proyectos, la cobertura de seguros y la integración con códigos técnicos. Es necesario definir estándares que clarifiquen las responsabilidades de los actores involucrados.
- Coordinación y tolerancias: Los sistemas industrializados requieren tolerancias milimétricas, mientras que la construcción tradicional opera con tolerancias de centímetros. Esto puede generar problemas de encaje en obra, aumentando costes y tiempos si no se resuelve en la fase de diseño.
- Financiación y modelos de negocio: Los promotores suelen tratar a los fabricantes como proveedores tradicionales, exigiendo que asuman riesgos financieros desde el inicio. Los largos plazos de pago en el sector desincentivan la inversión en nuevas fábricas y tecnologías.
- Resistencia al cambio: Persiste la percepción de que la industrialización es más cara o menos flexible que la construcción tradicional, aunque los datos muestran que el gap de costes se está reduciendo, especialmente en proyectos como viviendas unifamiliares.
El Rol del estado
El Estado español juega un papel vital en la promoción de la construcción industrializada. En contextos como el soviético, la demanda garantizada permitió el éxito de las fábricas. En España, un megaconcurso público para 400,000-500,000 viviendas de alquiler social podría incentivar la creación de un tejido industrial. Sin embargo, esto requiere una estrategia táctica que combine inversión en I+D, estandarización y resolución de cuellos de botella, como licencias y regulaciones.
La experiencia de Silicon Valley ilustra la importancia de la inversión estatal previa. Innovaciones como Apple o Microsoft surgieron tras décadas de financiación en educación e investigación, un modelo que podría aplicarse a la construcción industrializada para crear un ecosistema de innovación y profesionalización.
Desafíos políticos y normativos
Resolver este déficit de vivienda no es solo una cuestión técnica, sino política. En España, obstáculos como el exceso de regulaciones, la lentitud en la gestión de licencias, la carga fiscal y la falta de suelo disponible frenan el desarrollo. La Asociación de Promotores y Constructores de España destaca la necesidad de liberar suelo, reducir impuestos sobre la primera vivienda y agilizar procesos administrativos.
Su futuro
La construcción industrializada está destinada a convertirse en el estándar del sector, impulsada por la necesidad de eficiencia, sostenibilidad y adaptabilidad. A medida que las tecnologías digitales, como BIM y la robótica, se integren más profundamente, los procesos serán aún más precisos y rentables. Además, la gran demanda de edificaciones y la escasez de mano de obra cualificada reforzarán la adopción de esta metodología.
En el ámbito de los componentes, se espera que las ventanas evolucionen hacia soluciones más inteligentes, integrando sensores, domótica y materiales avanzados que mejoren el confort y la eficiencia energética. Las instalaciones eléctricas y de confort seguirán avanzando hacia sistemas modulares e interconectados, facilitando su integración en edificios industrializados.

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